una historia sobre los orígenes de la óptica

Hace unos mil años que el físico y matemático Ibn al-Haytham, conocido como Alhazén,(Basora, Irak 965-1040) se preguntó: ¿Cómo vemos?, ¿Cómo es posible que veamos?

La respuesta fue su Tratado de óptica. En el describió la reflexión y refracción de la luz, la formación de las imágenes en el ojo, realizó experimentos con lentes y espejos, y descubrió el funcionamiento de la cámara oscura. Alhazén revolucionó la óptica y, con ella, la propia física. La Óptica ya no se limitaba a ser una teoría de la visión, sino también de la luz. Su tratado de óptica fue fundamental en posteriores investigaciones de Huygens, Kepler o Descartes.

Sus libros se tradujeron al latín en el siglo XIII y alimentaron un generalizado interés por la óptica y por sus aplicaciones prácticas. Esto llevo a la aparición de las “piedras de lectura”, antecesoras de las lupas, lentes planoconvexas semiesféricas que se usaban a modo de lupas y que constituyen el precedente de las gafas, y de la primera ayuda visual.

Y fue hacia fines del siglo XIII, cuando los “cristalleri” venecianos de Murano realizaron bajo técnicas secretas, un avance fundamental, por primera vez, esmerilaron dos lentes convexos, los colocaron en anillos de madera y los unieron mediante un remache. Podemos considerar este diseño como el primer antecesor de las gafas del que tenemos noticia.

Con el paso de los años, se sustituyó el eje de las gafas remachadas por un puente, y las monturas de madera por metales como el plomo. Se utilizaron materiales cada vez más diversos y a partir del siglo XVI se usó cuero, concha de tortuga, cuerno, hierro o plata, por mencionar algunos.

En 1451, Nicolás de Cusa propuso el empleo de lentes cóncavas, más delgadas en el centro que en los bordes, para la visión de lejos, o miopía.

Pero fue a partir del siglo XV, con la invención de la imprenta, cuando la demanda de gafas aumentó y la fabricación de lentes dejó de ser exclusiva de los conventos para empezar a producirse de forma masiva en los primeros talleres.

Las gafas, tal y como las conocemos, no surgieron hasta principios del siglo XVIII, cuando incorporaron el método de patillas o varillas, primero apoyadas en las sienes y luego sujetas a las orejas. No fue hasta 1940, cuando empezaron a fabricarse monturas de acetato y acrílicas y esto, junto con el desarrollo en los diseños, y el proceso de industrialización, fue lo que llevo a situar la gafa, no solo como la ayuda visual esencial, sino también, como complemento de moda y estilismo.

¡Oculi de vitro cum capsula! ¡Me habló de ellas cierto fray Giordano que conocí en Pisa! Decía que su invención aún no databa de dos décadas. Pero ya han transcurrido otras dos desde aquella conversación.

—Creo que se inventaron mucho antes -dijo Guillermo-, pero son difíciles de fabricar, y para ello se requieren maestros vidrieros muy expertos. Exigen mucho tiempo y mucho trabajo. Hace diez años un par de estos Viteri ab oculis ad legendum se vendieron en Bolonia por seis sueldos. Hace más de una década el gran maestro Salvnio degli Armatí me regalo un par, y durante todos estos años los he conservado celosamente como si fuesen, como ya lo son, parte de mi propio cuerpo

—Espero que uno de estos días me los dejéis examinar. No me disgustaría fabricar otros similares -dijo emocionado Nicola.

—Por supuesto —consintió Guillermo—, pero ten en cuenta que el espesor del vidrio debe cambiar según el ojo al que ha de adaptarse, y es necesario probar con muchas de estas lentes hasta escoger la que tenga el espesor adecuado al ojo del paciente.

 Umberto Eco.
El nombre de la Rosa.